Archivo

Entradas Etiquetadas ‘especies’

Los nombres cientificos de las especies

Domingo, 19 de Abril de 2009
Los nombres cientificos de las especies
Extraido de M. Ramirez, MACN, 2008.

Por C. Xavier Pérez Apablaza
contacto@tarantulario.com
www.tarantulario.c
om

Los nombres científicos están regulados por códigos internacionales de nomenclatura: el zoológico (http://www.iczn.org/), el botánico (usado también para hongos), el de bacterias, y el de virus. Los principios básicos de todos ellos son muy similares: cada nombre designa a una sola especie, y no se pueden repetir; cuando una especie ha recibido dos nombres se utiliza el más antiguo; los nombres se crean formalmente en una publicación; se utiliza el alfabeto latino incluyendo las letras j, k, w, y, sin acentos ni marcas diacríticas.

Hay dos reglas importantes para la estabilidad de la nomenclatura. Una nos pide que se debe designar un espécimen testigo o tipo, que sirva de referencia material para el nombre de especie. En caso de duda, un investigador puede examinar el espécimen tipo. Otra regla más general dice que el código es neutro en cuanto a teorías científicas. El código regula los nombres, digamos, administrativamente, pero no opina sobre cuestiones científicas específicas, como serían los parentescos entre las especies, o la aparición de especies en el tiempo evolutivo. Esto permite que los nombres permanezcan razonablemente estables ante el cambio y el progreso de la ciencia.

Obviamente, no es posible ser totalmente neutro en cuanto a teorías, y la nomenclatura lineana tiene una peculiaridad importante: es jerárquica, organizada en grupos dentro de grupos. Cada especie pertenece a un género, cada género a una familia, a un orden, una clase, un phylum o división, y un reino. Esto limita fuertemente el tipo de teorías que podrán ser representadas naturalmente en una clasificación. La razón por la cual el sistema de nomenclatura se mantiene vigoroso a través de los siglos es simple: el proceso natural que genera la diversidad biológica es la evolución, en un patrón fundamentalmente divergente, y esto resulta en una estructura jerárquica: los árboles de parentescos entre especies. Los científicos que se dedican a describir, identificar y clasificar seres vivos se llaman taxónomos (o sistemáticos, para quienes enfatizan en teorías o metodologías de clasificación). Cuando un taxónomo encuentra una especie nueva (es decir, que todavía no tiene nombre), puede publicar una descripción y darle un nombre. En grupos muy conocidos como mamíferos, se publican unas pocas especies nuevas cada año, pero en artrópodos, mucho más diversos, se publican miles. Las colecciones de los museos tienen armarios llenos de especies sin describir, y los taxónomos son pocos y no dan abasto.

Los nombres de especies constan de dos partes, y por eso se habla de nomenclatura binomial. Así, en el nombre de la araña Aphirape gamas, Aphirape es el género al que pertenece (con mayúscula inicial), y gamas es el epíteto específico (en minúsculas). En el estilo actual, los nombres científicos se escriben en tipografía diferente del resto del texto, usualmente cursiva. En una revista especializada es común que luego del nombre aparezca su autor y fecha de creación: Aphirape gamas Galiano 1996, denota que la especie fue nombrada por la aracnóloga argentina María Elena Galiano, en 1996. Tradicionalmente los nombres se formaban de palabras griegas, latinas, o latinizadas, pero hoy hay amplia libertad para nombrar especies. Se pide sin embargo que el nombre de género y epíteto específico concuerden en género (femenino, masculino, neutro). El código zoológico pide cuidado y consideración al formar nuevos nombres, y recomienda que sean apropiados, compactos, eufónicos (que suenen bien), fáciles de recordar, y que no sean ofensivos. Vamos a hacer un recorrido por diversas lógicas de etimología, usando nombres de arañas como ejemplo.

En primer lugar, abundan los nombres que describen alguna peculiaridad morfológica (argentata, plateada; alba, blanca; trilineata, con tres líneas), o distribución geográfica (occidentalis, andina, chilensis, bonariensis, burzaquensis). Hay muchos que expresan las dudas (incertum, tentativa, incognitus, enigmaticus) y aun el estado de ánimo del autor al escribir el artículo (molesta, exasperans, irritans). También es usual crear nombres para homenajear a colegas (como el género Galianora, en honor a Galiano).

Los taxónomos no son precisamente acartonados a la hora de poner nombres, y la cultura de la época aparece en nombres dedicados a artistas (Orsonwelles, Nerudia, Yupanquia, Brigittea, Marilynia, Calponia harrisonfordi), personajes mitológicos y literarios (Ariadna, Minotauria, Erendira, Plato, Baalzebub, Abracadabrella, Monapia fierro), de películas (Hortipes terminator, Nosferattus), instituciones (Calacadia, por la California Academy of Sciences, conocida como “Calacademy”), y a cualquier otra cosa, como ser galletitas (Oreo, para una araña aplanada, marrón oscuro), o frases (Quemedice, una araña de Santiago del Estero). También es común la creación pura de nombres (Araiya, una combinación arbitraria de letras; Negayan, anagrama de Gayenna). María Elena Galiano solía revisar las revistas del hipódromo buscando inspiración en los nombres de caballos de carreras (así surgió Kalcerrytus). Hay también chanzas, como en la curiosa etimología del género Losdolobus, que nos dedicara Norman Platnick en 1994, explicando que “el nombre es una contracción de ‘los dos’ y Orsolobus, referido a los dos aracnólogos argentinos Pablo Goloboff y Martín Ramírez”.

Es una satisfacción dar con nombres que refieren al modo de vida de la especie, como Dysdera gollumi (una araña cavernícola, pálida y de patas largas, por el personaje de El Señor de los Anillos), y Olbus eryngiophilus (una araña que vive casi exclusivamente dentro de plantas del género Eryngium). Pero lo usual es que al momento de describir una nueva especie los taxónomos ignoremos casi todo sobre su modo de vida. Para alguien que nombra decenas de especies cada año, es difícil estar inspirado todo el tiempo; en ese caso es común utilizar nombres de localidades y palabras indígenas de la región donde habita la especie (Metepeira calamuchita, Camillina cordoba, Selknamia), o de las personas que colectaron los especímenes.

Los taxónomos encarnan el dilema de describir especies y ponerles nombre, en lo posible bellos, que seguramente perdurarán tanto como nuestra civilización, cuando se teme que gran parte de estas especies se extinguirán muy pronto, aun antes de que nadie les haya dado un nombre.


General , ,